
El trastorno de
personalidad múltiple, (TPM) también conocido como trastorno disosiativo de identidad, es un trastorno peculiar.
Está reconocido por la APA en su DSM IV como "la existencia de dos o más
personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y
actuar con el ambiente." Pero para ser reconocido como tal cada una de
estas personalidades deben tomar control del individuo autónomamente durante
períodos indefinidos, teniendo o no mecanismos detonantes y debe existir una pérdida
significativa de la memoria en el individuo, porque si estas condiciones no se
cumplen, la patología pasaría a ser diagnosticada como esquizofrenia u otra
enfermedad de la mente que provoque alucinaciones y cambios de comportamiento.
En sentido general, este trastorno imposibilita la
inserción normal del individuo en un ambiente social, laboral y académico en la
medida de la frecuencia en la que ocurren estos cambios, puesto que el
individuo afectado no posee la capacidad de ejecutar un trabajo que requiera de continuación y seguimiento
pues cuando se produce el cambio, el mismo ya no recuerda que estaba haciendo
durante su personalidad anterior.
Lo mismo pasa a nivel social, la persona afectada debe
especificar a quien conoce que padece de este problema de salud mental, esto se
debe a que si ocurre un cambio de personalidad mientras se está con alguien que
desconoce esta situación, podría incurrir en malos entendidos que terminarían
en el mejor de los casos con un alejamiento por temor al pareciente.
Las causas de este trastorno son diversas, las mismas
pueden ir desde abusos de drogas, malformaciones en el vientre, problemas
genéticos, hasta los traumas sociales, amorosos, etc.
Es esta relación con experiencias traumáticas lo que
vincula el TID con el trastorno de estrés postraumático, que se caracteriza por
la presencia de ansiedad y reexperimentación (mediante pesadillas o flashbacks)
tras sucesos que ponen en peligro la vida, como abusos sexuales o catástrofes
naturales. Un elemento de particular interés en este caso es el hecho de que el
trastorno de estrés postraumático puede incluir síntomas disociativos, como la
falta de recuerdo de aspectos importantes del suceso traumático o la
incapacidad para experimentar emociones.
Estos síntomas se conciben como una protección contra
sentimientos de dolor y terror que la persona no es capaz de manejar
adecuadamente, lo cual es normal en los momentos iniciales del proceso de
adaptación a la vivencia traumática, pero que en el caso del estrés
postraumático se vuelve patológico al cronificarse e interferir en la vida de
la persona.
Siguiendo la misma lógica, el TID sería una versión extrema
del estrés postraumático de inicio en la infancia (Kluft, 1984; Putnam, 1997):
experiencias traumáticas tempranas, intensas y prolongadas, en particular
negligencia o abuso por parte de los progenitores, llevarían a la disociación,
es decir, al aislamiento de recuerdos, creencias, etc., en identidades
alternativas rudimentarias, que se irían desarrollando a lo largo de la vida, dando
lugar progresivamente a un mayor número de identidades, más complejas y
separadas del resto. Raramente se observan casos de TID con inicio en la edad
adulta.
Así, el TID no surgiría de la fragmentación de una personalidad
nuclear, sino más bien de un fallo en el desarrollo normal de la personalidad
que resultaría en la presencia de estados mentales relativamente separados que
acabarían convirtiéndose en identidades alternativas.
Estadísticamente hablando:
• En las
personas con trastorno de identidad disociativo:
• El 97% ha
sido víctima de abuso en la infancia.
• Más del 80%
ha sido víctima de abuso sexual en la infancia.
• Alrededor
del 40 % han sido víctimas de abuso sexual por su parte de sus padres varones.
• Alrededor
de 23% han sido víctimas de abuso sexual por parte de sus madres.
• En el 17%
de los casos el abuso sexual ha sido cometido por un hermano y en el 2% por una
hermana.
• El 15% ha
sido abusado sexualmente tanto por su padre como por su madre.
Dentro de la comunicad médica no existe un consenso real
sobre si de verdad las personalidades están totalmente divididas o entre ellas
tienen elementos provenientes de una personalidad base que poseía el individuo
antes de presentar la patología, por lo que se ha llegado a pensar que este
trastorno es idiosincrásico en cada individuo aunque la gran mayoría presentan
características comunes.
La personalidad primaria (o la “real”) tiende a ser pasiva
y depresiva, mientras que el resto son más dominantes y hostiles. Son las
identidades más pasivas las que manifiestan amnesia en mayor medida y, en caso
de que sean conscientes de la existencia de las personalidades más dominantes,
pueden ser dirigidas por estas, que incluso pueden manifestarse en forma de
alucinaciones visuales o auditivas, dando órdenes a las demás identidades.
Para su diagnóstico, citaremos el DSM IV directamente
puesto que es el máximo organismo rector en cuanto a salud mental, el mismo
expresa lo siguiente:
A. Presencia de dos o más identidades o estados de
personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de
percepción, interacción y concepción del entorno de sí mismo)
B. Al menos dos de estas identidades o estados de
personalidad controlan de forma recurrente el comportamiento del individuo.
C. Incapacidad para recordar información personal
importante, que es demasiado amplia para ser explicada por el olvido ordinario.
D. El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos
directos de una sustancia (p. ej. comportamiento automático o caótico por
intoxicación alcohólica) o a una enfermedad médica (p. ej., crisis parciales
complejas)
Tratamiento y pronóstico
El tratamiento del TID es un rubro en el que son bien
recibidas las propuestas, pues a pesar de que ya existen alternativas algunas
no podrían ser del todo funcionales al haber sido creadas a partir de la idea
de que el TID tiene alguna similitud con la esquizofrenia.
Llegando hasta este paraje es puntual hacer de dominio
público que la esquizofrenia y el TID son trastornos completamente distintos,
el primero se trata de uno psicótico mientras que el segundo es uno de tipo
disociativo (DSM-IV-TR, 2002). La esquizofrenia aleja al paciente de su
realidad y el TID por su parte no afecta la relación con ella. El
desdoblamiento de personalidad en el TID ocurre de manera interna, es decir
quien lo padece crea a sus alters a partir de interacciones conflictivas en su
propia mente, en la esquizofrenia este fenómeno se aprecia de manera externa ya
que las voces que se llegan a manifestar provienen del exterior y por tanto se
trata de alucinaciones y no de fragmentos de la personalidad.
Al tratarse de piezas mal ubicadas lo que se busca en los
tratamientos es ir acomodando y reconociendo poco a poco cada una de ellas para
que así la finalidad sea formar una imagen completa. El tratamiento consta de 3
fases de acuerdo con datos de la Journal of Trauma and Dissociation:2
Fase 1: Establecer seguridad, estabilidad y una reducción
de síntomas
Fase 2: Confrontación, superación e integración de recuerdos
traumáticos
Fase 3: Integración y rehabilitación de la persona
El trastorno de identidad disociativo requiere
psicoterapia, con frecuencia facilitada por la hipnosis. Los síntomas pueden ir
y venir de modo espontáneo, pero el trastorno no desaparece por sí mismo. El
tratamiento puede aliviar algunos síntomas específicos pero no tiene efectos
sobre el trastorno en sí mismo.
El tratamiento es a menudo arduo y emocionalmente doloroso.
La persona puede experimentar muchas crisis emocionales debido a acciones de
las personalidades y por la desesperación que pueden acarrear los recuerdos
traumáticos durante la terapia. A menudo son necesarios varios períodos de
hospitalización psiquiátrica para ayudar a la persona en períodos difíciles y
para operar de un modo directo sobre los recuerdos dolorosos. Frecuentemente el
médico utiliza la hipnosis para que se manifiesten (para tener acceso a) las
personalidades, facilitar la comunicación entre ellas, estabilizarlas e
integrarlas. La hipnosis también se usa para reducir el impacto doloroso de los
recuerdos traumáticos.
Generalmente, son necesarias una o dos sesiones de
psicoterapia a la semana durante al menos 3 a 6 años. La integración de las
personalidades es lo ideal pero no siempre se consigue. Las visitas al terapeuta
son reducidas gradualmente pero es raro que se terminen. Los pacientes pueden
confiarse al terapeuta para que les ayude, de vez en cuando, a afrontar los
problemas psicológicos, del mismo modo que pueden hacerlo periódicamente con su
propio médico.
El pronóstico de las personas con un trastorno de identidad
disociativo depende de los síntomas y de las características del trastorno.
Algunas tienen principalmente síntomas disociativos y características
postraumáticas; esto significa que, además de sus problemas de memoria e
identidad, experimentan ansiedad acerca de acontecimientos traumáticos y el
hecho de revivirlos y recordarlos.
Usualmente, hay una mejora en el estilo de vida con el
tratamiento sin embargo el tiempo para alcanzar esto es indefinido.
Otras personas tienen adicionalmente trastornos
psiquiátricos graves, como trastornos de la personalidad, afectivos,
alimentarios y de abuso de drogas. Sus problemas mejoran más despacio y el
tratamiento puede tener menos éxito o bien debe ser más largo y pueden aparecer
más crisis. Por último, algunas personas no solamente tienen otros problemas
psicológicos graves sino que también están gravemente comprometidas con otras
personas que las acusan de haber abusado de ellas.
El tratamiento a menudo es largo y caótico y trata de
reducir y de aliviar los síntomas más que de conseguir la integración. A veces,
incluso un paciente con un mal pronóstico mejora lo suficiente con la terapia
para sobrellevar el trastorno y comenzar a dar pasos rápidos hacia un mejor
porvenir.
Acá les dejo links de interés:
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